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SOMETIDOS A LA AUTORIDAD, EJERCEMOS AUTORIDAD

PASCUAL EN KAIROS 2Por: Pastor Pascual Riera Perozo

El nivel más alto en el ámbito de la autoridad, no es recibir ni ejercer autoridad, es estar bajo autoridad. Porque el recibir y ejercer la autoridad está en proporción directa de que te hayas sometido a ella.

El someterse a la autoridad es un antecedente y a su vez es un buen comienzo para los que en su tiempo ejercerán autoridad de parte de Dios. El principio está establecido en la Palabra: Si te sometes a Dios, como la máxima autoridad, puedes ejercer autoridad; resiste al diablo y el huirá de ti, de lo contrario no obtendrás resultados favorables. Pasemos a analizar la Escrituras:

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

Según el testimonio que da Mateo, Jesús ejercía autoridad porque estaba sometido a la autoridad del Padre. Si analizamos el texto, lo podemos entender: “Respondió el centurión y dijo: Señor no soy digno de que entres bajo mi techo, solamente di la palabra y mi criado sanará porque también yo soy hombre bajo autoridad y tengo bajo mis órdenes soldados…” (Mateo 8:8.9).

Observe que el derecho que tenía el centurión para ejercer autoridad sobre los soldados que tenía bajo su mando era porque él estaba sujeto a la autoridad. El mismo caso se dio en Jesús.

La frase que utilizó el centurión en la conversación que tuvo con Jesús es “…también yo”, que gramaticalmente está incluyendo a Jesús, indicando que Jesús podía ejercer autoridad porque estaba sometido a la autoridad.

Por otra parte, Jesús dijo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. (Mateo 20:21). Éstas son expresiones que demarcan lo claro que estaba Jesús con relación al sometimiento a la autoridad.

En una ocasión a Jesús le cobraron los tributos del templo que equivalían a dos dracmas, y Él, sin vacilación alguna, conociendo los principios, los pagó. Él sabía que debía cumplir con las leyes tributarias. Jesús estaba claro con los principios de autoridad y se sometió a ellos, aunque, por dos razones, Él estaba exento de pagarlos.

Para mayor comprensión del caso vamos a estudiar el pasaje. Mateo 17:24-27.

Lo primero que hay que tomar en cuenta es que éste era un tributo eclesiástico para el sostenimiento del templo, y que todo judío mayor de veinte años debían pagar, y no era obligatorio sólo se cancelaba por principios y por estado de conciencia, y ésta era una de las razones por la cual Jesús estaba exento del pago, ya que el tributo era un deber que se hacía por conciencia, y no era un impuesto obligatorio.

Al analizar el pasaje encontramos la segunda causa de mayor fuerza que exoneraba a Jesús de dicho pago. Tomándolo del texto original lo describe como sigue.

“Y cuando ellos llegaron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban las dos dracmas y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Él dijo: sí” Y cuando llegó a la casa, Jesús se le anticipó, diciendo: ¿Qué opinas, Simón? ¿De quién reciben impuestos o tributos los reyes de la tierra? ¿De sus hijos, o de los extraños? Y cuando respondió de los extraños, Jesús le dijo: Entonces los hijos están exentos”.

El lenguaje de Jesús está claro, que lo que quiso decir fue: “Si los tributos son eclesiásticos, es decir, para el sostenimiento del templo, porque me cobran a mí dicho tributo si el templo es de mi Padre” (y agregó por estado de conciencia) “Sin embargo, para que no los ofendamos,…paga por mí y paga por ti”

Nota: En esto podemos ver reflejado lo serio que era Jesús con los principios de autoridad, hasta el punto que mandó a pagar un tributo que por derecho a Él no le correspondía pagar.

A continuación estudiaremos otro caso de mayor relevancia, relacionado con los principios de autoridad a los cuales Jesús se sometió.

Cuando el sumo sacerdote interrogó a Jesús bajo conjuro inmediatamente Él respondió a la pregunta reconociendo la autoridad delegada de parte de Dios que había en el sumo sacerdote (Mateo 26:63-64): 63Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 64Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.

El término “Conjurar” en griego es “Exorkizo” que indica: apelar o recurrir a la autoridad superior para conseguir soluciones o respuestas concretas.

Según la ley (de acuerdo a la tradición judía, Levítico.5:1) se había establecido, que una persona que fuera interrogada bajo conjuro, no debía callar ante el interrogante, ya que se consideraba un acto de rebelión en contra de la autoridad a quien se había apelado en el conjuro. Si Jesús no daba una respuesta concreta y veraz ante el sumo sacerdote que lo había interrogado bajo conjuro, apelando a Dios como autoridad superior, hubiera sido como rebelarse a Dios mismo y era considerado profanación ante la ley, que era lo mismo que tomar el nombre de Dios en vano. Jesús conociendo los principios de autoridad y el sometimiento a ella, no vaciló en responder a la pregunta que le hiciera el Sumo Sacerdote bajo conjuro.

Éstas son verdades que debemos tomar en cuenta como cristianos, debemos tener sumo cuidado de no hacer nada que atente en contra de la autoridad de Dios; así como tener presente que donde esté la autoridad representada, allí esta Dios porque Él es Autoridad.

Pablo dijo “que nos sometamos a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Romano 13:1-2).

En Efesios 5:22-33, Pablo exhorta a las casadas a estar sujetas a sus maridos como al Señor. Igualmente lo hace con los hijos dándoles el mismo mandamiento. Como no se escapa la exhortación a los maridos, a quienes les dicen que deben amar a sus esposas en similitud a Cristo que amó a la Iglesia, hasta el punto que se entregó por ella.

El mensaje de Pablo radica en que es de igual importancia, como principio de autoridad, el que haya sujeción en la esposa y los hijos para con el marido, pero que de parte del marido haya amor, comprensión, respeto, consideración y armonía; que todas estas virtudes son parte de la provisión del marido como cabeza o cobertura del hogar. Además, el marido debe ser el proveedor para el hogar en el aspecto financiero, sobre él descansa la responsabilidad de parte de Dios. Pablo lo dejó establecido como principio de autoridad.

“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.” (1 Timoteo 5:8).

Estos mandamientos que Pablo presenta indiscutiblemente forman parte de unos principios sine qua non que componen el sistema de la autoridad, que al no tomarlos en cuenta nos rebelamos en una forma descarada y abierta a los mandamientos de Dios, que es como rebelarnos a Él mismo.

El sometimiento a la autoridad es complejo porque te lleva a una vida de obediencia que viene como producto de un quebrantamiento. Una persona que no haya alcanzado y entendido lo que es el quebrantamiento le será difícil cumplir con el principio de sujeción.

El quebrantamiento produce la humillación; la humillación, la abnegación; la abnegación, la sumisión; la sumisión, la sujeción; la sujeción, la entrega de una voluntad; la entrega de la voluntad, la obediencia; la obediencia es estar bajo la autoridad, al estar bajo la autoridad, ejercemos autoridad y al ejercer la autoridad, alcanzamos los objetivos.

Otras de las cosas que debemos entender es que estar sometidos a la autoridad es aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas. Por lo consiguiente, atentar en contra de la voluntad de Dios es estar en contra de su autoridad y es estar en desobediencia.

La mejor de nuestras motivaciones y acciones nunca podrán sustituir nuestra obediencia a la voluntad de Dios.

En una ocasión el Señor me dijo: “lo más grande que puedes hacer para mí, es que hagas lo que te mandé a hacer, porque lo grande no está en hacer sino en obedecer”.

Para Dios no cuenta lo que yo haga de mi propia voluntad, sino que haga lo que Él me mandó a hacer, porque eso es obediencia, que indica el estar sometido a su autoridad.

Un hombre le dijo a Dios en una de sus oraciones: “Señor, quisiera tener algo que nunca haya sido tuyo para dártelo y poder decir que algo te di. Si te doy mi carro, Tú hiciste la materia prima, ya fue tuyo. Si te doy mi casa ya fue tuya, Tú hiciste la materia prima. ¿Qué te puedo dar de mi propiedad que nunca haya sido tuyo?”. Escuchó la voz de Dios cuando le dijo: “Hay una sola cosa que no es mía, y que viene siendo mía cuando me la entregas”. Él le preguntó “¿Qué Señor?”, y Dios le contestó: “Tu voluntad. Yo te hice con libre albedrío, tú decides a quien entregas tu voluntad”.

La Biblia dice que se agrada más Jehová de la obediencia que de los muchos sacrificios, y que se le preste atención a su Palabra que la grosura de muchos carneros. (1 Samuel 15:22-23).

Aprende que el hacer la voluntad de Dios indica estar en obediencia, el estar en obediencia indica estar bajo su autoridad, al estar bajo su autoridad puedes ejercer autoridad, y al ejercer autoridad puedes alcanzar los objetivos.

OBEDIENCIA O REBELDÍA ANTE LAS AUTORIDADES ESTABLECIDAS POR DIOS

  Sabemos que Dios es la fuente de la autoridad.

–  Sabemos que el Espíritu Santo es la máxima autoridad en la Iglesia.

–  Sabemos que los hombres que Dios ha constituido como Ministros y como el gobierno de la Iglesia son la máxima representación de la autoridad de Dios en el sistema del Reino.

También debemos tomar en cuenta, y tener muy en claro que rebelarse a uno de estos hombres es rebelarse al Espíritu Santo en forma directa, y rebelarse al Espíritu Santo es rebelarse en contra de Dios. Hechos 5:1-11. (Ananías y Safira).

El nivel más alto en el ámbito de la autoridad, no es recibir ni ejercer autoridad, es estar bajo autoridad. Porque el recibir y ejercer la autoridad está en proporción directa de que te hayas sometido a ella.

La autoridad que Dios delega a un hombre para un cargo específico es tan determinante que Dios nunca va a pasar por alto la autoridad que ha delegado a uno de estos hombres aunque estén equivocados.
Dios no nos hará responsables por la obediencia equivocada, sino al contrario, hará responsable a la autoridad delegada por su acción errónea, pero nosotros seremos galardonados por la obediencia a ellos.

Si tu líder, en un supuesto, te da una orden equivocada pero en su demanda no quebranta ningún principio Bíblico, ni quebranta la moral, ni la ética; no tendrás ningún problema delante de Dios en el presente ni en el día del juicio por causa de haber obedecido a una orden equivocada del líder. Él será juzgado y reprendido por Dios por abusar de la autoridad, más tú serás premiado por tu obediencia a la autoridad que Dios ha delegado en él.

Cuando Moisés se casó con la mujer cusita (descendiente de Cam), Aarón y María – hermanos de Moisés – murmuraron en contra de él, conducta que desagradó a Dios. Ellos tenían sus razones para hacerlo pero no tenían autoridad ni derecho de parte de Dios; eso era problema de Dios con Moisés, que tenía que resolver en lo personal. Aarón y María tenían que mantenerse al margen, lo único que podían y debían hacer era preguntarle no murmurar.

En lo personal aprendí un principio en cuanto a mis líderes y sus errores:

“Un buen discípulo es aquel que aprende aún hasta de los errores de su maestro, pero nunca lo difama, lo critica, lo ataca, ni lo persigue”.

El caso de David es un ejemplo a seguir, no se atrevió a poner las manos en contra del ungido de Dios, independientemente de cuál fuera su conducta.

David sabía que Saúl estaba totalmente equivocado y desubicado, pero no se atrevió a rebelarse en contra del ungido de Dios, hasta el punto que expresó: “…Guárdame el Señor de extender mi mano contra el ungido de Dios”1 Samuel 26:9-11.

Para David tenía tanto valor la autoridad delegada en un hombre escogido por Dios, que el simple hecho de haber cortado la orilla del manto del rey Saúl, lo consideró un acto de rebeldía, hasta el punto que se turbó en su corazón por haber hecho tal cosa. 1 Samuel 24:4-6: “…y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres: el Señor me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Dios, que yo extienda mi mano contra él;…”

En una segunda oportunidad, David se acercó a Saúl pero esta vez sólo tocó cosas que estaban aparte del cuerpo de Saúl, no algo que estuviera sobre su cuerpo. En esta ocasión se llevó la lanza y la vasija del agua que estaban en la cabecera de Saúl. David fue más cuidadoso al dirigirse al ungido de Dios, para no atentar en contra de la autoridad.

“…Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Dios, y será inocente? …guárdeme el Señor de extender mi mano contra el ungido de Dios. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos” 1 Samuel 26:9.11.

Es lamentable decirlo, pero en estos tiempos, tenemos el tipo de persona que no se lleva lo que tienes en la cabecera, sino que te quieren arrancar la cabeza.

Pablo en una ocasión pidió perdón por la forma atrevida en la que se dirigió al Sumo Sacerdote. Él conocía muy bien los principios de autoridad, hasta el punto que citó la Escritura para salvaguardarse en el principio de autoridad que había quebrantado. “Pablo dijo: no sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo”. (Hechos 23:5).

“No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo” (Éxodo 22:28). Algunas versiones dicen: “A los que gobiernan tu nación”

Igualmente, podemos mencionar la actitud que tomó el arcángel Miguel contra Satanás. Miguel conocía lo que es autoridad y no se atrevió a proferir juicio de maldición. (2 Pedro 2:10.11, Judas 9)

A Satanás, siendo Lucifer, Dios lo colocó como la máxima representación de su autoridad entre las huestes angelicales; Miguel como arcángel, conociendo los principios de autoridad, con todo y que Satanás es un ser caído y por causa de su caída había perdido toda autoridad, evitó caer en el terreno de maldición, de condenación, al proferir juicio contra Satanás y acudió a la autoridad de Dios y dijo “que el Señor te reprenda”. Judas 9.

Si analizamos el contexto anterior y el subsiguiente de Judas 9, nos daremos cuenta de que el escritor viene desarrollando un tema que tiene que ver con el rechazo de la autoridad establecida, tomando como ejemplo en el aspecto negativo a las ciudades de Sodoma y Gomorra, comparándolas con Caín, Balaán y Coré, cuyos personajes cometieron actos de rebeldía.

En contraste a esa rebeldía, pone como ejemplo al arcángel Miguel que fue prudente en el momento que fue confrontado por un ser que en un tiempo fue su autoridad, no tomo decisiones a la ligera sino que acudió a quien tenía toda la autoridad, esto es, Dios para así cumplir con los principios y mantenerse al margen. 2 Pedro 2:10-11: 10y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, 11mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.

“…no obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.” Judas: 8-12.

Otros de los grandes ejemplos que tenemos referente a la autoridad lo está en el caso de Moisés, Aarón y Hur. Dice la Biblia que hubo un momento de guerra y cuando Moisés levantaba la mano el pueblo prevalecía y viceversa. Viendo esto, Aarón y Hur buscaron una piedra para que él se sentase y se afirmase, luego le levantaron los brazos. Si observamos bien el pasaje, no se metieron con la vara que tenía Moisés en la mano, que representa la autoridad delegada de Dios, sólo levantaron sus brazos, porque ellos sabían que la vara funciona en las manos de quien Dios la ponga. (Éxodo 17:8-12).

En nuestros tiempos es todo lo contrario, tenemos casos de gente que te busca una piedra pero no para que te sientes y te afirmes, sino para atravesártela para que te caigas, y luego en vez de levantarte la mano donde tienes la vara, lo que te quieren es quitar la vara. (Éxodo.17:8-12).

Ten esto presente: Nunca trates de tomar la vara que representa la autoridad, a menos que Dios te la dé, la vara funciona en las manos de quien Dios la ponga.

¿Se puede servir a Dios sin estar sujeto a la autoridad, ni haber sido constituido?

Claro que sí, pero Dios nunca aprobará dicho servicio. El ejemplo más claro lo tenemos en el caso de Nadab y Abiú hijos de Aarón, quienes siendo sacerdotes ofrecieron fuego que para Dios fue extraño por causa de no haber sido constituidos para tal ceremonia (Levítico 10:1). Ellos eran sacerdotes pero no sumos sacerdotes. Note que el incensario fue el mismo, el fuego también, la ceremonia en su totalidad fue la misma, pero quienes la estaban llevando a cabo no estaban autorizados ni constituidos por Dios para tal fin, y esto fue lo que a Dios le extrañó. No trates de hacer para Dios nada, si Él no te ha constituido.

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